Itinerarios

Lecturas para o verán (I)

Recuperamos a nosa sección web 'Itinerarios' para inaugurar unha serie de entradas que vos achegaremos semanalmente cunha selección de lecturas de verán realizada por cada unha das seis socias desta cooperativa. Seis semanas, por tanto, que comezan coa escolma da nosa compañeira Cris. Velaquí a súa listaxe:

As inundacións dos manglares de Indochina na infancia de M. Duras, as rúas e o cheiro a mar de Cerdeña, os enredos do barrio barcelonés do Raval dos anos 30, a peripecia de Beckett coa bicicleta e as muletas, a fascinante vida comprometida de Malcolm X, as estratexias de supervivencia de dous xemelgos fronte ao totalitarismo da guerra, as pescudas policiais da Marsella mais escura... Esta pequena escolla evoca lugares e historias que ficarán na lembranza coma os días de praia nos que a mente viaxaba a outros mundos e outras vidas sen moverse da toalla.

Había muchos niños en la llanura. Era una especie de calamidad. Los había en todas partes, encaramados a los árboles, a las vallas, a los búfalos, soñando, o acuclillados al borde de las marismas, pescando, o sumergidos en el barro buscando cangrejos enanos de arrozal. Los había también en el río, chapoteando, jugando o nadando. Y en el extremo de los juncos que bajaban hacía mar abierto, hacía las islas verdes del Pacífico, los había también que sonreían, encantados, metidos hasta el cuello en grandes cestos de mimbre, que sonreían mejor de lo que nadie ha sonreído en el mundo. Y siempre, antes de llegar a los pueblos de la ladera de la montaña, aun antes de divisar los primeros mangos, uno se tapaba con los primeros niños de la selva, embadurnados de azafrán contra los mosquitos y seguidos de sus manadas de perros vagabundos. Pues dondequiera que fueran, los niños llevaban tras ellos a sus compañeros, los perros vagabundos, escuálidos, sarnosos, ladrones de corrales, a quienes los malayos ahuyentaban a pedradas y que, al estar tan flancos y coriáceos, sólo se comían en épocas de gran hambruna. Sólo los niños aceptaban su compañía. Y los perros se habrían visto sin duda abocados a la muerte si no hubieran seguido a aquellos niños, cuyos excrementos constituían su principal alimento.

Fragmento de Un dique contra el pacífico de Marguerite Duras

  • Un dique contra el pacífico de Marguerite Duras | Tusquets
  • Cerdeña como una infancia de Elio Vittorini | Minúscula
  • Soleá de Jean-Claude Izzo | Akal
  • Diario del ladrón de Jean Genet | RBA
  • Molloy de Samuel Beckett | Galaxia
  • Jane Eyre de Charlotte Brönte | Alma Books
  • Claus y Lucas de Agota Kristof | El Aleph
  • El honor perdido de Katharina Blum de Heinrich Böll | Austral
  • Malcolm X, autobiografía | Capitan Swing