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Clasificar para preservar

PALABRA E IMAGEN CONTRA EL OLVIDO
Uno de los rasgos distintivos de las grandes civilizaciones es la preservación de la memoria. Mediante la palabra repetida y atesorada en piedra, pergamino y papel, sabemos quienes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo. Preservar dicha historia es una obligación incuestionable.
Y una película nos dice tanto sobre un individuo, un grupo de personas, un país o una época determinada como un libro, un códice, un manuscrito o una colección de documentos. Un filme es ya, en sí mismo, un acervo documental en imágenes. Es también un testimonio creativo que va dirigido a toda la humanidad, y así lo ha reconocido la UNESCO, a través de su programa Memoria del Mundo.
Desgraciadamente, las películas, como casi toda obra humana, están sujetas a la labor destructora del tiempo. Son tan fascinantes como frágiles, y el peor enemigo de la memoria fílmica es el tiempo.
Paradójicamente, una película está hecha de tiempo. Es su materia prima, como lo demostró Andrei Tarkovski, y la preservación del cine es nada más y nada menos que una lucha contra el elemento mismo que lo sustenta.
Independientemente de su valía artística, toda película corre el riesgo de desaparecer. Con cada filme perdido, se pierde una parte invaluable de nuestra memoria, nuestros sueños y nuestras diferentes maneras de entender el mundo. Por eso mismo, la preservación es responsabilidad insoslayable de una sociedad comprometida con el humanismo, la educación y la cultura.
En los últimos 30 años han surgido numerosas cinematecas en los países de la región iberoamericana, como resultado de una mayor conciencia por parte de gobiernos e instituciones de la importancia del rescate y la conservación de las obras audiovisuales, así como la difusión de una verdadera cultura de la preservación. Así pues, la Cineteca Nacional de México, como depositaría de una parte de ese enorme tesoro común que es memoria universal, desea contribuir a la noble labor de todos aquellos dedicados a salvaguardar los acervos fílmicos en los países de habla his­pana. Es por ello que se edita este libro, mismo que, como lo establece su autor, constituye algo mucho más completo y útil que un simple manual de procesos técnicos. Es una protección hecha de palabras e imágenes contra la acción implacable del tiempo.
cineteca nacional
octubre de 2006
ESTO NO ES UN MANUAL
En el año 2000, Michael Friend, entonces Presidente de la Comisión Técnica, planteó la necesidad de estudiar las publicaciones que había realizado la Comisión en la década de los ochenta (Preservation and Restoration of Moving Images and Sound, de 1986 y Preservation of Moving Images and Sound, de 1990) para considerar la posibilidad de actualizar sus contenidos, siguiendo a los cambios introducidos en la cinematografía.
Posteriormente, la Comisión encabezada por João Sócrates de Oliveira, decidiría redactar un nuevo manual, orientado al estudio de la conservación de la cinematográfía en tiempos de cambio, que estaría dividido en tres secciones: I-Inspección y clasificación de materiales, II-Manipulación y reproducción, III-Diseño de condiciones de conservación; pero ese plan de trabajo tendría que sufrir grandes modificaciones.
La sección segunda tuvo que descolgarse del proyecto; las transformaciones introducidas por la digitalización, hicieron aconsejable retrasar la elaboración de esa parte hasta alcanzar una perspectiva sobre las posibilidades del medio digital.
Por otra parte, en esos años el Image Permanence Institute culminaría sus investigaciones sobre conservación, fijando el ámbito en que es posible garantizar la preservación fisicoquímica de las películas. Estas condiciones –expuestas en varias publicaciones– son de climatización artificial y requieren de importantes inversiones económicas y de la más absoluta garantía para la continuidad en su mantenimiento.
Simultáneamente, el auge del fenómeno audiovisual y las aparentes facilidades que las técnicas digitales proporcionan para la preservación de imágenes y sonidos, introducirían una enorme presión política sobre los archivos; presión que pretende que la reproducción sobre sistemas de electrónicos de imagen sea considerada como una de las bases para la preservación de las obras cinematográficas.
Todo este conjunto de circunstancias repercutiría muy seriamente sobre el proyecto de publicación que estábamos desarrollando en la Comisión Técnica.
No era posible elaborar criterios de preservación, sin tener en cuenta que los archivos se mueven en un amplio abanico de circunstancias económicas y técnicas, en general muy precarias. Pocos archivos disponen del personal y los recursos necesarios y casi ninguno puede garantizar el mantenimiento indefinido de las condiciones de conservación; además, todos los archivos están sometidos a presiones para que centren sus posibilidades económicas en “lo digital”.
Así, la primera versión de esta obra, “Preservación cinematográfica”, abandonaría el carácter de “manual de preservación” para convertirse en un apoyo para la formación de criterios; centrado en la descripción de las características físicas, químicas y funcionales de los materiales, y en la elaboración de elementos de clasificación y de propuestas de conservación, aptos para orientar a archivos situados en todo tipo de condiciones y circunstancias.
En 2004, al difundirse en la Comisión la primera versión de este trabajo, un sector plantearía que la obra no era en absoluto un manual –fallando así a la idea original– y, simultáneamente, que algunos de los criterios de conservación que se exponían no estaban totalmente de acuerdo con lo establecido científicamente.
Este sector realizaría una amplia y bien elaborada reescritura de la versión inglesa de “Preservación cinematográfica”, acentuando el carácter de “manual” de la obra; como redactor de “Preservación cinematográfica” no pude aceptar esta revisión, dado que no creo en la utilidad de los manuales para temas tan complejos como, en las actuales circunstancias, lo es la preservación cinematográfica.
Por otra parte, la revisión de la versión inglesa eliminaba parte de las reflexiones sobre las condiciones de conservación, remitiendo para estas cuestiones a las publicaciones del Image Permanence Institute. En este aspecto, mi desacuerdo fue completo. Sin duda, las conclusiones de las investigaciones realizadas en los laboratorios químicos constituyen el fundamento de nuestro trabajo, y “Preservación cinematográfica” las contemplaba, difundía y recomendaba absolutamente; pero la realidad en que tienen que moverse los archivos exige puntos de vista mucho más amplios; por ello, también se planteaban otros criterios, basados en la experiencia, y que, así lo pienso, pueden ser muy útiles para la mayor parte de los archivos.
En este ámbito surgió “Clasificar para conservar”, como una nueva versión del trabajo que había realizado como jefe de la Comisión Técnica, pero del que, ahora, me responsabilizo por completo. Evidentemente, al exponer los criterios sobre conservación desde puntos de vista más amplios que los del análisis del laboratorio químico, se admiten posiciones no ortodoxas que pueden no ser asumidas por la Comisión, pero que son potencialmente muy útiles, incluso vitales, para muchos archivos.
Quiero expresar mi agradecimiento a todos los miembros de la Comisión Técnica, a los que han apoyado y a los que han criticado este trabajo; ellos han realizado un gran esfuerzo y sus críticas y su apoyo han resultado enteramente constructivos.
También quiero agradecer la colaboración de muchos miembros de la Filmoteca Española, principalmente a Ana Cristina Iriarte, sin cuya colaboración no habría podido rematar esta tarea.
Por último quiero manifestar mi reconocimiento a Magdalena Acosta y la Cineteca Nacional de México por el esfuerzo realizado para publicar esta obra.
Octubre de 2006
Alfonso del Amo García

  • Idioma: castelán |