Os ollos verdes

Les yeux verts, “los ojos verdes”, es el título de una compilación de imágenes y textos propios que Marguerite Duras reunió en junio de 1980, cuando Cahiers du cinéma la invitó a coordinar un número especial. En el Cine NUMAX, Os ollos verdes es el nombre de la sección que estrenará aquellas películas que trabajan por innovar y reformular las formas de ver y contar y que no encuentran a menudo un espacio en las carteleras. El cine bajo el que Marguerite Duras enunciaba su “nosotros”:

“Hacer cine”

En literatura no podemos decir: "me faltan 220 millones de francos para acabar mi libro". Si el libro no llega a escribirse, incluso en las peores condiciones, es que no debería existir. Si existiese la necesidad de hacerlo, el libro se hará, incluso en las condiciones más desgraciadas. Los pretextos para no escribir, que falta tiempo, que no se da hecho, etc., casi nunca son ciertos. En los cineastas esa necesidad no existe de la misma forma. Ellos buscan temas. Esa también es una diferencia decisiva. Buscan historias. Se las proponen, ora novelas, ora guiones, escritos por profesionales. Constantemente. Valoran estas propuestas, con detalle: tres crímenes, un cáncer, un romance, pero este o este otro actor. Resultado: 700.000 espectadores. El total se pasa al ordenador. Se hace la película. Resultado: 600.000 espectadores. Un fracaso.

Los cineastas de éxito y grandes cifras [quantitatifs] que tiene éxito masivo, 25 salas, millón y medio de espectadores, poseen una extraña nostalgia por nuestro cine, lo que nunca se atrevieron a hacer, lo que no viene validado por los beneficios, el del fracaso de las grandes cifras, una sala, diez mil entradas. Querrían, al tiempo, estar en nuestro lugar, reemplazarnos sin dejar de hacer lo que hacen, cogernos esos diez mil espectadores, como si pudieran. Y nosotros, bajo ningún concepto los queremos reemplazar, y además tampoco sabríamos cómo hacerlo. Igual que como el primer espectador, existimos como ellos, nuestro derecho como ciudadanos es equivalente al de ellos. De igual manera, ya que somos el emblema del fracaso comercial, los estudiantes hacen más tesis sobre nosotros que sobre ellos, y en ocasiones, incluso algunas publicaciones llegan así a saber que existimos. Pese a los esfuerzos de la prensa cotidiana por ignorarnos, seguimos haciendo películas. Eso no lo puede soportar el cine de las grandes cifras. Y en cuanto a nosotros, siempre lo olvidamos.

(...)

Recuerdo que Raymond Queneau decía que en Francia no había más que algunos lectores, dos o tres mil lectores concretos que decidían la suerte de un libro, y en la medida que esos lectores -los más difíciles de todos- retuvieran o no determinados títulos, estos tendrían sitio o no en la literatura francesa. Que si no llegábamos a esos lectores, no llegaríamos, por mucho público que tuviéramos, a nadie. En el cine podemos hablar de 10.000 espectadores que hacen las películas y que, contra viento y marea, nos ponen los cines o nos echan fuera. Este grupo de 2.000 a 10.000 espectadores, la mayor parte de los cineastas de grandes cifras no lo tienen nunca. Podrán tener dos millones de espectadores, pero en esos diez millones no estarán estos dos o diez mil espectadores.